Los 7 errores más comunes de los inversores noveles

INVERSIÓN

3 de agosto

Tiempo de lectura 3 minutos

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La planificación es fundamental a la hora de invertir. Tan importante es conocer qué tipo de inversor eres, como tener claros tus objetivos y los plazos en qué esperas conseguirlos.
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Invertir no es algo exclusivo para los profesionales más avezados. Prácticamente cualquier persona puede hacer algo con sus ahorros en lugar de dejarlos aparcados en el banco. Pero conviene recordar algunos errores clásicos que los inversores más nobeles suelen cometer y tener claro que la Bolsa o cualquier otro tipo de inversión no es un juego de azar. Si inviertes pensando en dar el “pelotazo” es muy posible que salgas escaldado.

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  1. Invertir de más. La Bolsa es un excelente mecanismo para hacer crecer tus ahorros pero nunca comprometas el dinero que necesitas para vivir. Por tanto, lo primero es que estudies tu situación económica y tengas claro qué necesidades financieras tienes a corto y medio plazo.
  2. No tener un plan ni conocer tu nivel de riesgo. Definir el perfil de inversor que eres es un principio básico. Para ello tienes que preguntarte qué objetivos quieres conseguir (no es lo mismo ahorrar para la jubilación que sacar un extra para hacerte ese máster formativo), en qué plazo esperas conseguir estos objetivos –lo que se conoce como horizonte temporal– y qué nivel de riesgo estás dispuesto a asumir. ¿La palabra riesgo es para ti sinónimo de incertidumbre, oportunidad o pérdida? Determinar tu perfil como inversor constituye un buen punto de partida para tomar de decisiones financieras y encontrar qué productos encajan mejor con tus necesidades y preferencias. Ten en cuenta que tu perfil inversor no es invariable en el tiempo: conforme vayas adquiriendo conocimientos financieros y en función del momento vital en el que te encuentres, tu nivel de riesgo va a ir moviéndose. Pero, ¡ojo!, debes ser prudente cuando tu capacidad para asumir riesgos este fuertemente limitada por tu situación financiera, aunque internamente el cuerpo (o mejor dicho, la mente) esté dispuesto a aceptar altos niveles de riesgo.
  3. No tener en cuenta el horizonte temporal de los objetivos de inversión. Está relacionado con el punto anterior, porque el horizonte inversor está ligado a tus objetivos. Tradicionalmente se atiende a la siguiente clasificación: corto plazo (12 a 18 meses), medio plazo (desde 12-18 meses a tres-cinco años), largo plazo (más de cinco años).
  4. Evita las modas y el dejarte llevar por las emociones. No inviertas en algo solo porque parece que se lleva o porque te lo recomiende tu mejor amigo. No hagas de las emociones la brújula de tu inversión, no te dejes dominar por la euforia ni por el pánico. Recuerda siempre una máxima que dice que no hay que comprar en el momento más álgido del mercado ni vender en los momentos de mayor pánico e incertidumbre. Lo mejor, buscar un buen asesor que te ayude a encontrar la forma de construir una cartera a tu medida. Y recuerda que todo activo financiero tienes estos tres elementos:
    • Rentabilidad: cuanto más interés aporta el activo mayor es su rentabilidad.
    • Riesgo: probabilidad de que el emisor no cumpla sus compromisos. Cuanto mayor sea el riesgo, mayor será la rentabilidad y a la inversa.
    • Liquidez: la facilidad de convertir el activo en dinero.
  5. Tener todos los huevos en la misma cesta. No es lo mismo tener acciones solo en telefónica, que acciones en telecos, energía y banca de compañías nacionales e internacionales. La falta de diversificación es otro error muy común entre los inversores nobeles y, además, aumenta el nivel de riesgo. Para ello, estudia tanto la diversidad de productos financieros como de mercados geográficos y construye una cartera equilibrada y siempre acorde con tu perfil de riesgo y tu objetivo final.  Si construyes una cartera de valores, varía las zonas geográficas, los sectores, los estilos, el número destinado a cada tipo, etc. Y si piensas en fondos de inversión como el vehículo más acorde, los tienes de muchos tipos: de renta variable, renta fija, materias primas, inmobiliarios, mixtos, globales, de retorno absoluto o hedge funds, garantizados… Antes de invertir, fíjate en la forma de gestión (activa o pasiva), en la estrategia y en los gastos del fondo.
  6. Excesiva rotación de las carteras. Comprar y vender en Bolsa con mucha frecuencia aumenta el coste de las operaciones y puede implicar pérdidas si se tienen en cuenta los gastos asociados a la operativa bursátil como las comisiones. Si tienes fijada una estrategia a largo plazo, entonces lo importante no es la rentabilidad a corto. Gestionar una cartera de acciones no es sencillo: debes armarte de paciencia y darle tiempo a la inversión, pero requiere un nivel de conocimiento muy elevado para actuar como un auténtico trader. Por eso, lo más aconsejable es invertir en bolsa vía fondos de inversión. En la mayoría de los casos los fondos son de gestión activa, lo que significa que la gestora intenta conseguir unos resultados mejores que los del mercado, aunque eso requiere tiempo para materializarse.
  7. No saber frenar las pérdidas. Dicho lo anterior, tampoco se trata de invertir y olvidarte de ello con independencia de lo que sucede en el mercado y a tu alrededor. Un consejo: revisa tus inversiones pero sin agobiarte, por ejemplo, cada trimestre, semestre o año. Entonces, pregúntate si la estrategia del producto financiero elegido sigue alineada con la tuya. Y determina las minusvalías que estás dispuesto a asumir, tanto de valores como de la propia cartera. Es lo que llamamos: poner un stop loss. Reflexiona sobre el tema para no autoengañarte pensando que el valor puede rebotar al alza –asumir pérdidas cuesta psicológicamente más–.

Es recomendable estar atento e informado de las grandes tendencias del ciclo económico.

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