¿Es el blockchain el invento del siglo XXI?

INVERSIÓN

4 de enero

Tiempo de lectura 7,5 minutos

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WhatsApp, YouTube, Facebook, Android son candidatos a invento del s. XXI, pero el blockchain tiene todos los números para coronarse.

La Fundación Bankinter se ha preguntado recientemente "¿cuál es el invento más importante (hasta la fecha) del siglo XXI?", una pregunta a la que candidatos no faltan: el primer corazón artificial, redes sociales como YouTube o Facebook, aplicaciones de mensajería como WhatsApp, el sistema operativo Android, el coche eléctrico, los vehículos autoconducidos… 

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A través del Future Trends Forum, un lugar en el que muchos expertos intentan anticiparse a las tendencias futuras, intentan dar una respuesta mucho más amplia a esta pregunta. Según Nicolas Courtois, experto en seguridad informática del University College de Londres, el invento más importante de este siglo es el blockchain.

Blockchain (cadena de bloques, en español) es un sistema de consenso distribuido creado para hacer funcionar la criptomoneda Bitcoin: una moneda digital que utiliza el cifrado criptográfico como sistema de seguridad y de lucha contra la falsificación. Es la primera de este tipo que puede operar sin necesidad de bancos o de una autoridad central, sin revelar datos sobre la identidad de quienes realizan las transacciones. Y puede hacerlo porque su funcionamiento se basa en la tecnología blockchain: una base de datos compartida, descentralizada y segura, aunque no libre de amenazas.

“Es la primera vez que cualquier individuo puede emitir divisas de forma segura, algo que anteriormente era muy difícil desde el punto de vista tecnológico. Por ejemplo, antes era muy caro emitir billetes que no se pudiesen replicar. Hoy en día somos libres de crear nuestra propia divisa, literalmente, y considero que es una disrupción tremenda que dará pie a muchos modelos nuevos de los que podremos aprender”, asegura Eyal Hertzog, miembro del Future Trends Forum y emprendedor de tecnología de criptodivisas.

Pese a su uso intensivo en las criptodivisas, el blockchain podría usarse con otros muchos fines más allá de las divisas digitales. Su tecnología es un sistema de almacenamiento que permite guardar cualquier tipo de datos y documentos; realiza registros distribuidos y descentralizados, por lo que no se pueden borrar ni modificar los datos que se almacenan en ella (hay copias en millones de ordenadores en todo el mundo y estas están protegidas criptográficamente); permite establecer reglas particulares para cada transacción y no revela datos sobre la identidad de las personas implicadas en la transacción.

Esto facilita la protección contra ataques cibernéticos, una reducción de costes operacionales y de duplicaciones en operaciones de negocios, la transparencia y la trazabilidad de las operaciones y reducir el fraude. Su rango de aplicación va desde los usos financieros y legales hasta los llamados ‘contratos inteligentes’ (smart contracts, en inglés), pasando por el voto electrónico, las redes eléctricas inteligentes, la transparencia o la identidad digital.

En esto último trabaja Greg Kidd, miembro del Future Trends Forum y experto en big data e interacción entre personas y máquinas y director ejecutivo de GlobaliD, compañía que busca proporcionar una solución de identidad portátil universal a individuos y grupos en todo el mundo. “Gracias a la tecnología blockchain, los permisos que tenemos pueden estar siempre con nosotros. Pueden estar reflejados en un registro público y avalado por el Gobierno u otra autoridad, de modo que podríamos entrar en un bar sin DNI (que incluye mucha información privada)”, afirma Kidd. “Viviríamos en un mundo en el que solo tendríamos que ofrecer la información suficiente para que nos permitan realizar ese acto en concreto, en lugar de entregar toda nuestra información privada”, añade.

Las dudas sobre el blockchain

Una lista de bueno propósitos, pero falta que estas utilidades se materialicen. Como sucede con la inteligencia artificial, blockchain está viviendo un momento de bombo que corre el riesgo sufrir un efecto burbuja. Es una de las críticas que se realiza a esta tecnología, de la que también se cuestiona uno de sus pilares: la descentralización. Para empezar, ¿es esta siempre deseable? ¿Cómo se garantiza la eficiencia en ciertos procesos sin una autoridad central?

Otra de las dudas en relación con la descentralización de la cadena de bloques es hasta qué punto esta es tal. Para ser minero (cada persona que resuelve el problema matemático que permite verificar cada transacción en blockchain) hace falta contar con un equipo especial y hacer frente a un gasto energético considerable. Por tanto, hay barreras de entrada. Solo determinadas personas pueden serlo y además existe el riesgo de que se pongan de acuerdo para viciar un resultado. 

Por otra parte, “es crítico poder cuantificar la descentralización, mayor a medida que aumenta la cifra mínima de entidades requeridas para comprometer el sistema aumenta”, afirma Balaji Srinivasan, cofundador de 21.co -una empresa que paga en bitcoines por responder mensajes vía web o móvil- y socio de la firma de capital riesgo Andreessen Horowitz, en news21.co.

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