¿Cómo construir una cartera de inversión?

INVERSIÓN

27 de julio

Tiempo de lectura 3 minutos

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Invertir es una tarea que requiere estar informado, conocer bien tus finanzas y una buena planificación. Conoce los 9 pasos fundamentales antes de colocar tus ahorros, si quieres obtener grandes rentabilidades.
cómo construir cartera inversión

Ahora que ya hemos visto los errores más comunes en los que puede caer un inversor –y más si no se tiene mucha experiencia–, toca repasar algunos criterios para cimentar una cartera de inversión.

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1. Definición de cartera de inversión

Se trata del conjunto de activos financieros en los que se invierten los ahorros. Lejos de lo que a veces se pueda pensar, la cartera no está compuesta únicamente de acciones que cotizan en bolsa, sino de todo tipo de activos, desde fondos de inversión, índices bursátiles o divisas y materias primas.

2. Objetivos y perfil de riesgo

Conocer tu situación patrimonial, saber qué quieres conseguir –objetivos financieros– y determinar tu tolerancia real al riesgo son el primer paso antes lanzarse a invertir. Con este análisis te puedes empezar a preguntar, ¿qué objetivo de rentabilidad quiero conseguir?

Seguro que, además, pretendes obtener la máxima rentabilidad posible al menor riesgo, pero recuerda que estos dos criterios entran en conflicto. Es decir, cuanta mayor rentabilidad se quiere obtener, mayor riesgo hay que aceptar.

3. ¿En cuánto tiempo quieres conseguirlo?

El horizonte temporal es un criterio importante a la hora de construir una cartera de inversión. No olvides tampoco que si el horizonte de inversión es a largo plazo, puedes minimizar el riesgo. Se suele considerar medio plazo entre 18 meses y 5 años y largo, a partir de entonces.

4. ¿Qué activos me interesan?

La variedad de productos financieros que te puedes encontrar en el mercado es abrumadora, pero todos tienen tres elementos en común:

  • Rentabilidad: cuanto más interés aporta el activo mayor es su rentabilidad.
  • Riesgo: probabilidad de que el emisor no cumpla sus compromisos. Cuanto mayor sea el riesgo, mayor será la rentabilidad y a la inversa.
  • Liquidez: la facilidad de convertir el activo en dinero.

5. Atención a la volatilidad

Es un factor que inyecta incertidumbre  en nuestra inversión y conviene controlarla por su relación con el riesgo. La volatilidad mide una alteración en el precio de las acciones; si hablamos de fondos, la desviación de la rentabilidad respecto a su media histórica. En sí mismo, el dato no sirve de mucho, es preciso compararlo: si hablamos de acciones, una referencia interesante para consultar es el índice VIX que mide la volatilidad del S&P 500 o la volatilidad del índice de referencia donde cotiza ese valor. Si se trata de fondos, lo mejor es compararlo con la  volatilidad media de los de su categoría. A mayor volatilidad (fuertes oscilaciones), mayor riesgo.

Desde Morningstar explican que a priori se puede pensar que existe más posibilidad de perder dinero en un fondo que presenta fuertes altibajos, pero no necesariamente tiene que ser así.  Y si nos fijamos en la Bolsa, en una sola sesión se producen muchas y fuertes oscilaciones de precios que son difíciles de aprovechar. En este caso, lo mejor es saber determinar las tendencias de mercado para aprovecharnos de las situaciones alcistas y bajistas.

6. Una cartera de inversión diversificada

Se trata de distribuir las inversiones entre activos distintos, para reducir el riesgo total. Al igual que si se invierte en Bolsa no conviene comprar acciones de una única empresa, tampoco es recomendable invertir todo el patrimonio en un único tipo de activos, ni en un único mercado geográfico. Puedes optar por títulos de renta fija (bonos, obligaciones), de renta variable (acciones), fondos de inversión (monetarios, de renta variable, de renta fija, garantizados, mixtos, inmobiliarios, de pensiones, hedge funds) o derivados (opciones, futuros, swaps). Contar con una amplia gama de productos permite jugar con el tiempo de la inversión y con la liquidez disponible.

En este punto entra en juego lo que se conoce como correlación, que indica el sentido y la intensidad de la relación lineal entre el movimiento de las rentabilidades de dos activos cualesquiera. Así vemos que si tenemos un activo A y otro B están correlacionados cuando lo que pasa en el primero afecta al segundo (pueden moversea la par o en sentido inverso). Por eso, si hablamos de una cartera de inversión, cuanta menos correlación exista entre los activos que la formen, mayor diferencia podrá haber en el comportamiento de cada uno de ellos cuando el mercado caiga. Se suelen usar métodos estadísticos para encontrar lo que se denominan activos no correlacionados y diversifica así el riesgo para reducirlo.

7. Una cartera de inversión equilibrada

Para poder integrar una cartera de inversión equilibrada lo más importante es, como hemos visto en el punto anterior, la diversificación ya que de esta forma se reduce la variación de los precios. La idea de la cartera es, entonces, diversificar las inversiones en diferentes mercados y plazos para así disminuir las fluctuaciones en la rentabilidad total de la cartera y por lo tanto también del riesgo.

Por ejemplo, el departamento de Análisis de Bankinter recomienda unos máximos sobre la parte del patrimonio financiero susceptible de ser invertido en bolsa en función de los perfiles en el momento actual.

 

8. Atento a los gastos

Tanto si optas por comprar y vender acciones en Bolsa como por operar con fondos de inversión –implica hacer una suscripción, un reembolso y a veces, hasta un traspaso–, necesitas contratar un intermediario financiero. Además de elegir uno de confianza y que sepa cubrir tus necesidades, tienes que fijarte en las comisiones y gastos que se cobran, porque estos pueden mermar la rentabilidad esperada. Pide el folleto de tarifas y fíjate en las comisiones de las operaciones que vayas a realizar con más asiduidad y en la de traspaso, por si cambias de entidad.

¿Cuáles son las comisiones más habituales?

  • Operaciones de compra-venta de valores: recepción, transmisión o ejecución y liquidación de compraventa de valores (renta variable, renta fija, derivados), compras en ofertas públicas de venta o suscripción (OPV/OPS) y ventas en procesos de opa (ofertas públicas de adquisición).
  • Servicio de custodia y administración de valores: aplicables por la guarda y conservación de los valores que el cliente encomienda a la entidad.
  • Operaciones relacionadas con el servicio de custodia y administración: gestión de cobro de dividendos, intereses y cupones, primas de asistencia a juntas de accionistas, abono en caso de amortización de valores, traspaso de valores a otra entidad, etc.
  • Gestión de carteras: gestión discrecional e individualizada de las carteras de inversión, con arreglo a los mandatos del cliente.
  • Asesoramiento financiero: recomendación personalizada de productos de inversión.

9. La fiscalidad

Aunque el objetivo de crear una cartera de inversión sea otro (complementar la pensión, aumentar el patrimonio…), la fiscalidad juega un papel importante a la hora de cómo configurar dicha cartera. Pide  a tu asesor que te informe también de este punto porque aunque los tipos impositivos sean los mismos –recuerda que con los fondos se paga a Hacienda solo cuando se materializa la ganancia o pérdida patrimonial, y que los planes de pensiones reducen la base imponible en hasta 8.000€ anuales–, la forma de liquidar no y con ello puedes obtener pequeñas ventajas.

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